domingo, 5 de julio de 2009

Nicole Arteaga Pastrian

Fotos originales

Montaje




Cedula
Nicole Arteaga Pastrián
“Por mi territorio”,2009

Serie de seis fotografías digitales en blanco y negro impresas
En papel fotográfico 40,1 x 42,40 cm. Cada una.



Texto


El territorio dentro de muchas definiciones es un lugar demarcado, que posee límites, fronteras, etc. Cuando se dice que alguien “marco un territorio” es que hace propio algo que no le pertenecía. El caso de las zapatillas marca un territorio, lo definen, lo adornan y lo llenan de mitos urbanos que no son rebelados con mucha facilidad. Drogas, asaltos, muertes, pandillas y otros son algunos de los mitos que rondan a las zapatillas.
Son las teorías que se hacen sobre las zapatillas que cuelgan de los cables, cada una es descartada por razones que cada persona se da pero lo único claro es que esos calzados colgados de los cables marcan un territorio, un territorio que no es fácil de pasar.
Las zapatillas como objeto tienen un uso, tan practico como estético, pero cuando están colgadas en los cables de la iluminaría local cambia su connotación, marca un estrato social, es una estética marginal y determinante social.
Las personas que se ven relacionadas con este tipo de “adornos” no necesariamente son marginales o pertenecen a un cierto grupo social, si no que son personas que en su vida pasan por lugares donde están estos objetos colgando.
La necesidad de marcar un territorio no se da en todos los estratos sociales y es un poco parecido a las barras de los equipos con sus postes y panderetas pintada de los colores insignias de sus equipos.

En las fotografías la identidad también entra en juego cuando es una zapatilla, pero la marca de territorio se ve en la postura del cuerpo y la manera en la que cuelgan las zapatillas de la mano del retratado, el fondo de la fotografía da cuenta de una marginalidad que si bien no esta identificada con algún lugar especifico denota la calidad del lugar.

Las fotografías son retratos de personas que están marcando su territorio, un territorio que tiene personalidad y que desafía a la cámara.

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